El otoño madrileño ha llegado a coquetear con el frío y a ofrecernos un spoiler amargo de lo que nos depara el invierno (y no, me niego a hacer la broma fácil para contentar a los fans de Juego de Tronos).
Lo peor de esta época del año es ese talento único para convencernos de que salir de la oficina es solo cambiar de calefacción, y que los planes outdoor se vuelven out of question.
Pero no todo está perdido: hay rincones donde el termómetro sube sin pedir permiso y el estrés baja por pura inercia. Cafés que parecen salones, teterías con vocación de abrazo y librerías que huelen a madera y tiempo lento.
Porque, a veces, «desconectar» significa exactamente eso: enchufarse a una lámpara cálida y dejar que el mundo siga corriendo solo.
1. Hola Coffee Lagasca (Madrid)
Hola Coffee Lagasca es un refugio pensado para quienes necesitan detener el día sin desconectarse del todo. No es solo una cafetería: es una declaración estética. Espacio luminoso, mesas limpias, grano tratado con respeto y esa sensación de orden silencioso que ayuda a respirar.





