Tres años de culebrón, tres gobiernos británicos diferentes, una misma Comisión Europea y varias concesiones de todas las partes, de Londres, de la República de Irlanda y también de Bruselas. Todo esto ha sido necesario para llegar al segundo acuerdo del brexit, el que realmente tiene todos los ases en su mano para ser aprobado por la Cámara de los Comunes del Reino Unido.
El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, lo anunciaba este mediodía por twitter, “cuando hay voluntad, hay acuerdo”, y marcaba algunas de las líneas maestras que han evitado un brexit por las bravas como amenazaba el primer ministro británico, Boris Johnson, para el 31 de octubre.
“Las negociaciones trataron de identificar una solución satisfactoria mutua para tratar las circunstancias específicas de la isla de Irlanda”, escribe Juncker en una carta firmada de su puño y letra, explicando que “el objetivo era ajustar la Declaración Política para que reflejase el diferente nivel de ambición del gobierno británico sobre su relación con la UE”.
Ese ajustar señala lo ocurrido en los últimos días y horas entre Bruselas, Londres, Belfast y Dublín, porque el texto llevaba casi dos días cerrado, desde el martes por la tarde noche. Y en Bruselas se miraba a las negociaciones que Johnson mantenía con el partido unionista norirlandés DUP para garantizar su apoyo parlamentario en la Cámara de los Comunes. Era la luz verde que todos esperaban. El miércoles apenas quedaban unos flecos, sobre los detalles de la regulación del IVA entre Irlanda del Norte, la UE y Reino Unido.
Ese territorio estará legalmente en la unión aduanera británica. Pero en la práctica sujeta a las reglas europeas y su supervisión e incluso bajo la eventual jurisdicción del Tribunal Superior de Justicia de la UE. Era un anatema de los brexiters. Es una de las concesiones del premier Johnson. Podemos decir que, a cambio, Dublín cede para que el famoso backstop norirlandés, el que los brexiters más acérrimos rechazaban porque sería permanente hasta que pasado 2020 Reino Unido y la UE firmasen su nueva relación política, económica y comercial, se convierta en un mecanismo temporal. Y sobre el que el parlamento norirlandés tendrá voz dentro de unos años, para validar esas relaciones aduaneras que Johnson ha cedido.