El riesgo de que una empresa se enfrente a una crisis reputacional por malas prácticas pone en alerta a los accionistas. Como se ha visto en el pasado reciente, los casos de corrupción dañan la reputación de una compañía y sus valores, por lo que es recomendable introducir principios éticos para evitar posibles problemas.
«Pretendíamos mejorar los sistemas internos de control de distintos aspectos que puedan incidir en prácticas que sean corruptas», dice el CEO de Contenur, Íñigo Querejeta, a DIRIGENTES. Esta empresa implantó recientemente la norma «Certificación Antisoborno ISO 37001» que recopila una serie de prácticas encaminadas a evitar conflictos de interés y posibles fraudes.
En el caso de esta compañía, el motivo tiene que ver con que desarrolla su actividad con el sector público. En parte, sus accionistas -un fondo estadounidense- empujaron para adaptar esta normativa: «Ellos están muy sensibilizados en este tipo de cosas», afirma Querejeta. Sin embargo, recalca que para tener el certificado no solo basta con implantar la norma, sino que se pasa una inspección para poder recibir el sello.
Además de los procedimientos para evitar los sobornos, también afecta a posibles conflictos de interés internos y externos, como por ejemplo podría considerarse contratar a un familiar. No obstante, Querejeta incide en que la implantación de la norma supone «un compromiso de la dirección» y que se cree un responsable de compliance.
Asimismo, se introducen objetivos anuales en cuanto a formación, evaluación de riesgos y de los conflictos que hayan podido producirse durante un año. La motivación final es «que no sea un papel que se escribe y se deja en un cajón, por eso lo certificamos para que haya una revisión anual». La norma también implica hacer una selección adecuada de los socios con los que trabaja la empresa.