Pasado el primer año de la presidencia de Emmanuel Macron, la lista de los cambios implementados incluye reformas en el mercado laboral, educación, y formación profesional; desafíos hacia los sindicatos ferroviarios y las pensiones públicas; reducción en la deuda pública y una revisión del impuesto a la riqueza. Todo ello favorecido por una economía en expansión, y ayudada a su vez por el crecimiento de la Eurozona, el comercio mundial y las bajas tasas de préstamo para los consumidores y las empresas.
Desde Lombard Odier apuntan a que todavía queda mucho por hacer para dar un giro a la economía francesa. En este sentido, el presidente Macron quiere persuadir a sus colegas europeos para que respalden una Unión Europea más segura de sí misma y más federal. Por el momento, se ve prácticamente solo entre sus compañeros a la hora de promover una visión para el bloque. Para tener éxito dentro de la UE, el autodenominado estilo de Macron “favorable a los negocios”, necesita ir más allá en Francia, reduciendo el desempleo y fomentando una expansión continúa en la inversión corporativa así como una reducción en la presión fiscal.
Hay motivos para darse prisa, apuntan desde la gestora. Algunas de las mejoras en la economía francesa son, sin duda, el resultado de las reformas del mercado laboral, cuando Macron todavía era ministro de Economía bajo el mandato del presidente François Hollande. El gobierno de Macron, que tiene un mandato de cinco años, ha advertido que es improbable que las reformas sean perceptibles en el crecimiento del país, la inversión empresarial o las tasas de desempleo antes de finales de este año o de mediados de 2019. En Alemania durante los primeros años del 2000, por ejemplo, un proceso de reforma similar no se vio reflejado en los datos hasta pasados dos o tres años.
También hay expectativas externas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló en septiembre la necesidad de que Francia recortase el gasto público, que se situaba en el 56,5% en 2017, el más alto de la UE como porcentaje del PIB, destacando frente a la media de la UE del 45,8%. El gobierno ha dicho que uno de sus objetivos es acercar esa cifra al 50%.
El mes pasado, el déficit presupuestario de Francia descendió al 2,6% del PIB, menos que el límite máximo del 3% fijado para los países miembros de la UE, por primera vez desde 2007, lo que pone de manifiesta las credenciales de eurófilo del presidente Macron. El gobierno ahora apunta a un déficit del 2,3% para todo el año.