La crisis sanitaria desatada por el coronavirus de Wuhan ha cogido a los bancos centrales a paso cambiado y con poca artillería para combatir los efectos económicos que pueda tener esta pandemia vírica, al menos eso es el sentir común de los analistas y gestores del mercado.
Por el momento, el banco central que más ha actuado, quitando al Banco Central de China, y de una manera más fuerte ha sido la Reserva Federal. La Fed ha aumentado el tamaño de su oferta de préstamos a corto plazo. La medida persigue mantener el flujo de efectivo entre las entidades financieras y se toma en un día de desplome de las bolsas y en plana debacle del precio del petróleo. A esto hay que sumar que la pasada semana asestó un recorte en los tipos de interés del 0,5.
“Aunque los mercados esperan muchos más estímulos de mercado en varios países del mundo, no esperamos que medidas más acomodaticias de los bancos centrales sean una cura porque la mayoría de los recortes de tipos ya se han producido a través de declives en el precio de los bonos y en la curva de tipos”, comenta Salman Baig, gestor de Unigestion.
Por su parte, Adam Vettese de eToro subraya que: «Hay una gran esperanza generalizada sobre un importante paquete de estímulos por parte de los bancos centrales, pero ¿durante cuánto tiempo imprimir dinero servirá como solución? Parece que está perdiendo su efectividad. El virus ha continuado extendiéndose y parece que podría empeorar más antes de empezar a mejorar». En este mismo sentido, desde Bank of America lanzan un mensaje similar: «los bancos centrales responderán, sin embargo, su munición limitada en comparación con 2008 y su incapacidad para solucionar una pandemia global están elevando los riesgos mundiales.».
El BCE, la gran incógnita