A menudo nos preguntamos si la aplicación de la inteligencia artificial y la tecnología son cosa de las películas de ciencia ficción o si en cuestión de años estaremos tan acostumbrados a sus ventajas que ni siquiera nos daremos cuenta de que existen. El hecho es que a día de hoy la utilización inteligente de los recursos se ha convertido en el propósito que orienta las ideas de todos los que quieren transformar la forma en que vivimos.
Las ciudades del futuro contarán con sistemas eficientes de gestión del tráfico, con vehículos conectados a las infraestructuras y con aparcamientos suficientes y trazables para el parque automovilístico. La iluminación será sostenible y la gestión del agua ahorrará miles de hectómetros cúbicos anuales. Y las casas incorporarán mecanismos para racionalizar los suministros como la electricidad y el gas. En la actualidad podemos ver ya varios ejemplos de esta tendencia, bien en pruebas o bien en situaciones reales.
Por resumir, las herramientas de Internet of Things (IoT) tienen dos ámbitos de aplicación: uno público, para la gestión de los distintos servicios en las ciudades (smart cities); y otro privado (domótica), orientado a las casas, de manera que la administración de las distintas operaciones de los hogares pueda hacerse de una forma más cómoda y racional, además de a otros servicios de carácter social.
El procedimiento en los dos casos requiere de la gestión y el análisis de los datos, el maná de este siglo, que ofrecen información detallada sobre todos los parámetros interesantes para el desarrollo de nuevas soluciones. Los sensores de medición son las herramientas que permiten realizar la labor de recopilación de información para la generación de conclusiones y la posterior toma de decisiones.
Movilidad sostenible y autónoma