Recientemente, la mejoría de la economía mundial motivaba revisiones al alza de las previsiones de beneficios empresariales, y los mercados de renta variable parecían dispuestos a ofrecer más subidas. Pero algo pasó que dio al traste con este idílico panorama.
Hace unos meses ya advertíamos que “nada se desplaza siempre en línea recta”. Esta vez ha sido el Presidente Trump el que ha decidido librar una guerra, y eso ha hecho descarrillar el tren. O al menos ha amenazado claramente con hacerlo, posiblemente con el objetivo real de lograr un «buen acuerdo» para su país.
Como economistas, podemos preguntarnos cuán bueno será ese acuerdo para los consumidores estadounidenses, o para todas las empresas del país que dependen de las importaciones. Si las medidas proteccionistas proliferan, cabe esperar un aumento de la presión inflacionaria interna. Como inversores, tenemos que decidir cómo distribuir los activos en estos mercados. Nuestra recomendación es seguir con la vista fija en el premio. En lugar de fijarnos en la volatilidad a corto plazo, deberíamos prestar atención a la dinámica macroeconómica subyacente.
El ciclo económico global sigue mejorando, y los bancos centrales, incluida la Fed, están procediendo con cautela y anunciando claramente sus intenciones. De seguir así las cosas, que es el supuesto fundamental sobre el que trabajan nuestros equipos de inversión en renta variable por fundamentales, aprovecharemos los baches que se vayan produciendo como oportunidades de compra. Pero es necesario vigilar bien los riesgos. Por ahora, los aranceles comerciales del Presidente Trump han generado más ruido que impacto económico real.
¿Guerra comercial o táctica negociadora?