Entrar en nuevos mercados es una de las metas que persiguen las compañías para crecer. Un propósito que en muchos casos no ha sido echado por tierra a causa del coronavirus. En concreto, el 57% de los retailers europeos mantiene sus planes de expansión a otros países en los próximos doce meses a pesar de la COVID-19, según desvela el estudio de la plataforma de pagos Stripe y realizado por Forrester.
En el contexto actual, el instinto de supervivencia y el deseo de seguir creciendo han guiado a muchas empresas. De este estudio en el que participaron casi 500 personas de todo el mundo, se desprende que un tercio de ellas ha experimentado un efecto positivo en sus ventas y entre sus prioridades, además de entrar en otros mercados, se encuentra la mejora de la experiencia de cliente. Lo consideran un objetivo «crucial» para los siguientes meses.
Los retailers quieren crecer, pero también ser más ágiles para poder anticiparse y afrontar mejor los cambios del mercado. Por este motivo, y tras un 2020 marcado por la pandemia, más de la mitad de las empresas ve «prioritario» acelerar su capacidad de respuesta ante estas transformaciones. Es por ello que el 51% de los encuestados reconoce estar buscando nuevos modelos de negocio como, por ejemplo, un servicio de suscripción, para el próximo año y medio.
La realidad es que para los comercios dar el salto internacional resulta «complicado». Esto es así porque, a medida que entran en nuevos mercados para vender sus productos, se topan con «nuevas preferencias en cuanto a métodos de pago, matices de carácter local y obstáculos reglamentarios«. Adaptar las opciones de pago es «todo un reto», para el que señalan que se requiere apoyo lingüístico. No obstante, el 42% de las personas aseguraron que su compañía no tiene esa capacidad.
Además de lo anterior, las firmas tienen que lidiar con las diferentes normativas y reglamentos del país de destino. La experiencia local para atender estos aspectos es fundamental, concretamente en materia de pagos, pero el 44% de los participantes en el sondeo aseguró que carece de este conocimiento. Estos tres obstáculos citados pueden lastrar los esfuerzos de las compañías por «aterrizar» en el extranjero, porque pueden incurrir en una disminución de los ingresos, en el incremento del coste para entrar en el mercado e, incluso, impedir que las empresas abran sus alas, lo que «amenaza el crecimiento y la recuperación en Europa».