La interdependencia cada vez mayor de las economías de los distintos países provoca que sean más vulnerables a los acontecimientos. La exposición a las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos se suma a los efectos que tiene la política fiscal y monetaria que el país norteamericano está imponiendo.
En términos más sencillos, se diría que los países emergentes observan cómo la financiación se presta en condiciones más duras, lo que repercute en que las inversiones planificadas se afrontan de una manera distinta. Así, tal y como constata el Banco de España en su informe sobre las economías emergentes, la vulnerabilidad de estas “ha aumentado en el terreno exterior y fiscal desde comienzos de 2017”.
Hay dos casos que llaman la atención por su relevancia para la economía española, así como por lo análogos que resultan entre sí: Brasil y México. En los dos países se aprecian problemas similares, que tienen que ver en su gran parte con unas reformas fiscales que se han ido posponiendo.
Brasil sufre un déficit público superior al 7% desde hace tres años, mientras que su deuda pública alcanza su máximo histórico, situada en el 77,2% del PIB. Así, desde el punto de vista del Banco de España existen varias actuaciones a llevar a cabo. La primera, frenar el elevado crecimiento del gasto de la Seguridad Social. Para el organismo español “resulta fundamental” reformar el sistema de pensiones pendiente desde hace un año, una acción que frenaría la escalada de la deuda.
Además de los riesgos fiscales, los riesgos políticos han sumado más problemas a la economía brasileña, sobre todo antes de que se materializaran los comicios en los que salió vencedor Jair Bolsonaro. No obstante, esa incertidumbre se ha ido reduciendo después, debido también al ajuste del déficit por cuenta corriente que, en conclusión, supuso un descenso de la deuda externa. Junto a ello, la situación de máximos históricos de las reservas proporciona a Brasil una exposición reducida al sector exterior.