Albert Rivera (Barcelona, 1979) está Licenciado en Derecho. Cursó estudios en la Universidad de Helsinki (Finlandia) en 2001 y en el año 2009 realizó un curso en Marketing Político en la Universidad George Washington (Estados Unidos). Rivera también tiene experiencia en la empresa privada. De 2002 a 2006, trabajó en La Caixa como asesor jurídico. Desde el año 2006 es diputado en el Parlamento de Cataluña.
¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Por qué la corrupción se ha metido tan de lleno en las entrañas políticas de un país?
Por una parte, la transición creó un sistema de partidos y un sistema electoral que tenía como objetivo pocos partidos, y que éstos fueran muy fuertes y lo controlaran prácticamente todo. En aquel momento, tenía sentido pasar de una dictadura a un sistema democrático con cuatro o cinco dirigentes políticos con fortaleza en las decisiones del país. Esto, lejos de ir evolucionando y restando peso a los poderes políticos para dar más poder a los ciudadanos, ha sido todo lo contrario. Hoy, nuestra cultura de partidos está mucho peor que en la transición. Los partidos han ido aprovechándose de su poder para meterse en las cajas de ahorros, en los medios de comunicación públicos, en el sector económico y financiero… Esta gente ha parasitado el sistema democrático y ha creado auténticas tramas de corrupción. El epicentro del cambio que tiene que haber está en nuestro sistema de partidos y nuestro sistema electoral. Si hay listas abiertas, si hay primarias, y por lo tanto podemos premiar y castigar el comportamiento de cada uno de nuestros responsables políticos, esto hace permeable el sistema.
Ustedes han dicho ‘no’ a la financiación que provenga de empresas o personas físicas ligadas a empresas o Administraciones. ¿La banca sería entonces el principal financiador?
No es que no lo admitamos, sino que pedimos un cambio legal en el modelo de financiación por el cual se reduzca el dinero público de los partidos y que este dinero vaya al sistema democrático, es decir, a los parlamentos y a los municipios. Pedimos que haya menos subvenciones a las campañas electorales, y nosotros hemos demostrado que se puede ahorrar costes en este sentido. En la última campaña andaluza, le hemos ahorrado al contribuyente más de 300.000 euros. Hemos demostrado que se puede gestionar bien el dinero de un partido y tener superávit: los créditos bancarios que hemos pedido los hemos pagado hasta el último céntimo, a precio de mercado. Por otra parte, nosotros no tenemos dos o tres sueldos, sino uno, del cual aportamos el 10% de nuestro sueldo al partido. Y, finalmente, Ciudadanos tenía 2.500 afiliados hace un año y hoy tiene 23.000. A 10 euros cada uno, al mes es un dinero.
Nosotros hemos recibido y podremos recibir financiación por parte de empresas, no renegamos de eso. Está en la ley. Lo que decimos es que queremos cambiarlo, porque creemos que son las personas las que lideran, no las empresas. Si alguien confía en Ciudadanos como confía en cualquier otra entidad, que nos dé dinero, pero el Consejo de Administración de una empresa carece de ideología, quien tiene esa ideología es la persona.
Bueno, hemos visto a empresas del Ibex 35 ‘donar’ dinero a partidos políticos, y al final se ha descubierto que buscaban algo más. ¿Podría pasar eso en Ciudadanos?
Yo lo que quiero es que las reglas del juego sean iguales para todos. Nosotros no criminalizamos que las empresas o los dirigentes donen dinero a los partidos, sino que lo hagan a cambio de poder cometer un delito o de llevarse un tanto por ciento en la Administración pública.