"El mercado aprueba al equipo económico, pero pide demanda medidas". "Presidente saliente del Banco Central elogia a su sucesor". "Nuevo ministro arma equipo esencialmente fiscalizador". Estos fueron los títulos con que los principales diarios locales presentaron al equipo económico del nuevo Gobierno de Brasil.
En una profunda crisis política y económica, el país vive el segundo proceso de destitución presidencial de su historia. Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (izquierda), fue suspendida bajo cargos de irregularidades presupuestarias.
En su lugar asumió, el 12 de mayo, el vicepresidente, Michel Temer, blanco, a su vez, de denuncias vinculadas con el escándalo de corrupción "Lava Jato", nombre de una investigación judicial que ya ha llevado a prisión a destacados políticos y empresarios.
Representante del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) -débil en los votos, pero fuerte en la articulación entre bastidores- Temer nombró como su ministro de Economía a Henrique Meirelles, que presidió el Banco Central (BC) durante los ocho años de mandato de Lula da Silva (padrino político de Dilma Rousseff).
Meirelles, por su parte, nombró como titular del BC a Ilan Goldfajn, economista jefe de Itaú Unibanco, banco que en 2015 tuvo un lucro de 6.700 millones de dólares mientras la economía brasileña se contraía un 3,8%.