Fijémonos en la teoría para establecer cuál podría ser el punto de equilibrio de los tipos estadounidenses a medio plazo. Por definición, el rendimiento de un bono del Estado a 10 años debe ser igual a la suma del crecimiento potencial y la inflación En Estados Unidos, el crecimiento potencial es de aproximadamente el 2% Si se estima una inflación a largo plazo del 2,5% el valor a largo plazo del rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años debería estar entre el 4 y el 4,5% Pero el bono estadounidense a 10 años vale actualmente un 2,75% muy lejos por tanto de ese nivel ¿A qué se debe ese desfase?
El activismo de los bancos centrales tiene mucho que ver con esta represión financiera en la que estamos inmersos desde hace una década, pero no es la única razón En los últimos años, los inversores estaban dispuestos a pagar un alto precio y a sacrificar la rentabilidad para tener bonos a largo plazo, lo que dio lugar a primas a plazo negativas
En efecto, la tenencia de bonos ofrecía la perspectiva de obtener plusvalías para compensar las pérdidas de la renta variable en caso de un entorno macroeconómico desfavorable, Además, la caída de las rentabilidades de los bonos (principalmente las reales) llevó a las acciones a registrar nuevos máximos, en un fenómeno de exclusión bien conocido en la actualidad.
Sin embargo, ahora que la inflación se ha convertido en un riesgo macroeconómico evidente, la correlación entre las rentabilidades bursátiles y de la renta fija podría volver a ser negativa. El aumento de la inflación podría empujar al alza las rentabilidades de los bonos, incluso cuando las acciones caigan El incentivo para invertir en bonos a largo plazo va a disminuir, ya que estos ya no realizan la misma función de amortiguación Y esto supondrá un aumento de la prima a plazo.
Por consiguiente, la verdadera pregunta es ¿cuál puede ser el régimen de inflación en los próximos años?