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Hay un fenómeno que crece sin hacer ruido en las empresas: la renuncia silenciosa. No se trata de dimisiones formales ni de grandes protestas. Son empleados que cumplen, sí, pero sin pasión, sin energía extra.
Y no afecta solo a quienes están al inicio de su carrera. Los mandos intermedios también lo viven, aunque de manera más sutil. Están atrapados entre la estrategia de la alta dirección y la ejecución del equipo. Su desgaste es doble.
¿Por qué se produce?
Los expertos en RR.HH. los definen así: «Los mandos intermedios son los que sostienen la operación diaria. Si pierden motivación, toda la cadena se resiente».

El fenómeno no surge de la noche a la mañana. Se acumula en reuniones interminables, objetivos poco claros y expectativas desalineadas. El resultado es un líder que cumple su jornada, pero que ya no impulsa, no inspira.
Falta de impacto
En muchas oficinas, estas renuncias silenciosas se confunden con eficiencia. Se respira calma, se cumplen tareas, y nadie alerta sobre el malestar real. Sin embargo, los efectos son claros: baja creatividad, fricciones internas y pérdida de talento.


