En noviembre del año pasado, expusimos varias razones por las que éramos optimistas sobre las perspectivas de la renta fija investment grade en euros. Esta clase de activo había tenido su ración de turbulencias en 2022 a causa de la agitación geopolítica, las fuertes subidas de tipos de los bancos centrales y el nerviosismo general sobre la salud de la economía europea. En un momento en el que las rentabilidades totales estaban hundidas en territorio negativo*, era lógico suponer que el único camino para el mercado de renta fija europea era subir después de registrar en 2022 uno de sus peores años de siempre.
Actualmente, seguimos siendo de la opinión de que el futuro de los bonos IG en euros es brillante. A pesar de las valoraciones muy atractivas que se encuentran en los mercados, tanto en deuda pública como en bonos corporativos, la inevitable continuación de la desaceleración de Europa creará oportunidades para que destaquen los títulos IG de mayor calidad. También supone un gran recorrido al alza para la renta fija pública en Europa, que sigue cotizando en niveles históricamente bajos. Bajo estas líneas, analizamos en más detalle algunos de los factores clave que sustentan nuestra positiva visión de los bonos IG en euros de cara a los próximos meses.
La inflación ha tocado techo en Europa
Seguimos pensando que la inflación ha tocado techo en Europa. Si exceptuamos la serie de choques exógenos transitorios que sufrió la región en 2020, debido al COVID-19, y en 2022, debido a la invasión rusa de Ucrania, podemos desechar el argumento de que Europa se encuentra en un régimen caracterizado por una inflación estructuralmente más alta, por varios motivos. Las presiones sobre los precios que se habían observado debido a las congestiones en las cadenas de suministro se han normalizado (gráfico 1), los precios del gas han caído claramente por debajo de los máximos de 2022 (gráfico 1) y se observa una notable ausencia de inflación salarial en la zona euro (gráfico 2). Con estas tres dinámicas en liza, resulta difícil argumentar que la inflación en Europa sea duradera y se mantendrá persistentemente por encima del 2% a partir de ahora.
De cara al futuro, y en ausencia de un repunte sustancial de los precios del gas, esperamos que la inflación general de Europa siga descendiendo en 2023. Este escenario debería obligar al BCE a revisar a la baja sus previsiones de inflación durante los próximos meses. Aunque la trayectoria de la inflación subyacente es más incierta, los indicadores de fondo sugieren que al IPCA en tasa subyacente todavía le queda recorrido a corto plazo, pero podría caer hasta el entorno del 4% a finales de año. Mantenemos un sesgo de duración larga en todas nuestras carteras que está en consonancia con nuestra visión de que la inflación debería descender hasta cotas más bajas, lo que daría lugar a un ajuste de los precios en los mercados de deuda pública europea.

