En la primera encuesta realizada por la encuestadora Datafolha tras el fallecimiento de Campos en un accidente aéreo, se le preguntó a los brasileños si con Marina Silva en la carrera presidencial seguirían optando por la reelección de la actual mandataria, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), con 12 años en el poder, tras los cuatro de Rousseff y los ocho predecesores del ex mandatario Lula da Silva.
Incluso con Silva, Rousseff saldría victoriosa de una primera ronda de votaciones, donde la nueva candidata del Partido Socialista de Brasil (PSB) relegaría al hasta ahora segundo favorito en intención de voto, el candidato de Partido de la Socialdemocracia brasileña (PSDB), Aécio Neves.
Pese a ello, un segundo turno de votación, obligatorio ya que el PT no obtendría una mayoría simple de los votos, le daría la victoria final y la presidencia a la candidata de moda, que lleva días reiterando la necesidad de centrar la campaña "en las siglas" del partido y no en el nombre del fallecido Campos o en el suyo propio.
Tras la publicación de la mencionada encuesta, las acciones de empresas nacionales como Petrobras (la estatal petrolera) o Vale (la mayor minera de Brasil) subieron en más de un punto porcentual, hecho que fue interpretado por analistas y prensa local como un deseo del mercado de que Marina Silva sea la próxima presidenta del gigante sudamericano, la segunda mujer en llegar a esta posición tras la actual mandataria.
Reacción bursátil que se produjo sin que Silva, quien ya se presentó a la presidencia en 2010 con otra formación política y no alcanzó la segunda ronda, fuera aún candidata oficial del PSB ni hubiera especificado su programa para dicho puesto.