En los últimos meses los mercados financieros se han visto afectados por la crisis de los mercados emergentes. Las fuertes depreciaciones de la lira turca que ya ha perdido más de un 40% de su valor en lo que va de año, y del peso argentino, que ha cedido más de un 50%, recuerdan a las anteriores crisis de dichos mercados.
No obstante, es necesario destacar que ambas economías comparten algunos puntos débiles que no deberían ser buenos indicadores de los mercados emergentes en general, y menos aún de la marcha de la economía mundial, que sigue mostrando una expansión generalizada, aunque más suave de lo previsto.
Algunas de las dificultades a las que se están enfrentando estas economías se deben al gran despilfarro fiscal, la creciente inflación, la excesiva dependencia de la financiación externa y la inestabilidad política.
En cuanto a las divisas, tras el préstamo de 15.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional a Argentina el pasado mes de junio, la solicitud del presidente Macri al FMI para que se aceleraran los desembolsos de la línea de crédito de 50.000 millones de dólares aumentó la presión sobre el peso, que se desplomó un 18% en tan solo dos días. Además, a pesar de haber aumentado su principal tipo de interés en un 60% un día después del anuncio de Macri, el banco central no pudo frenar el descenso de la moneda que cayó un 26%, registrando su mayor caída mensual desde 2002.
Sin embargo, al contrario que Turquía, Argentina aplica una política monetaria más ortodoxa que le ha permitido asegurarse el apoyo financiero por parte del FMI. No obstante, los débiles fundamentos del país cuyo déficit fiscal e inflación son superiores a los de Turquía, es algo que preocupa a los inversores.