Según datos que maneja la firma, estas inversiones levantaron el pasado año más de 500.000 millones de dólares. Una cifra que, pese a ser aún inferior a las registradas en los años previos a la crisis, marca una clara tendencia de crecimiento, y no solo en volúmenes, sino en una clase de activos cada vez más amplia. "La perspectiva es que se superen esos picos que se vieron antes de la crisis", asegura Gutiérrez-Mellado.
Los datos de firmas como PwC, recopilados a partir de la exposición de fondos de pensiones globales a este tipo de estrategias, apuntan a que las inversiones alternativas han pasado de pesar un 7% en 1996 a un 24% actualmente, con un crecimiento exponencial año a año que, hasta 2020, podría situarse entre el 8% y el 10%, según estimaciones de Prequin.
A juicio de Gutiérrez-Mellado, existen tres motivos principales por los que los inversores, tanto institucionales como finales, han empezado a interesarse más por nuevos activos más allá de los tradicionales, y por formas distintas de gestionarlos. En primer lugar, el experto apunta a la situación actual que vive la renta variable. "Las Bolsas no están baratas, y el movimiento alcista ha estado justificado por la expansión de múltiplos, no por la mejora de beneficios, que es lo que necesita una subida para ser sostenible", indica.
Del mismo modo, considera que el entorno de tipos en mínimos también complica, y mucho, la vida de los inversores en renta fija. "Las subidas llegarán y no es el escenario más favorable para el largo plazo", explica Gutiérrez-Mellado.
El tercer motivo que responde al mayor interés por los alternativos está en la volatilidad experimentada por el mercado en los últimos años, con un aumento de las correlaciones entre activos en momentos difíciles que ha demostrado que para diversificar, ya no vale con la tradicional división entre renta fija y Bolsa.