El bazuka de Draghi trata de atajar las tendencias deflacionarias que amenazan a la débil recuperación del Viejo Continente, pero un "objetivo" igualmente importante para las autoridades de la región debe ser restaurar las finanzas soberanas de los países que forman parte de la moneda única.
"En cierto sentido, esto debería ser una tarea sencilla", afirma James McCormack , director global de Calificaciones Soberanas de Fitch, "ya que las posiciones fiscales soberanas durante mucho tiempo han sido entendidas como una ‘preocupación’ común y, por consiguiente, han estado sujetas a normas para evitar los déficits excesivos (superiores al 3% del PIB) y los niveles demasiado elevados de endeudamiento (60% del PIB)".
Sin embargo, con el tiempo, la credibilidad del enfoque basado en normal de la Zona Euro para garantizar unas cuentas públicas saneadas está en entredicho. Opina este experto que "las normativas han sido ‘violadas’ o interpretadas para acomodarse a posiciones fiscales más débiles, y se han vuelto más complejas y, por ende, menos transparentes".
Alemania y Francia fueron los primeros países en "saltarse" el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC): en el año 2000 sus déficits superaron el 3% del PIB. Pero, no hace falta echar la vista atrás tanto tiempo, para observar la "flexibilidad" con la que Bruselas vigila que se aplique la normativa. Esta semana la Comisión Europea concedía más tiempo (hasta 2017) a la república gala para reducir tanto su déficit como su deuda pública.
Que el PEC evolucione "es inevitable", reconoce el analista, y, de hecho, subraya, algunos cambios han sido justificados, pero "sería difícil argumentar que la disciplina fiscal y la integridad institucional de la Zona Euro se han reforzado de forma inequívoca".