Rara vez la casualidad explica la cadencia del crecimiento de un país o su revelación como potencia. Han pasado 23 años desde que Estonia puso en marcha el proyecto conocido como Tiigrihüpe y, si bien por el reducido tamaño no se puede considerar una potencia, sí que se puede mirar a esta república báltica como un referente en el terreno de las TIC y la digitalización.
Poco más de un millón de habitantes pueblan este país que aventaja 14 puestos a España en el ranking del Banco Mundial en cuanto a facilidad para hacer negocios (16º frente al 30º). Desde la desintegración de la Unión Soviética, Estonia ha apostado por el sector privado, por la liberalización de su economía y por estimular la inversión extranjera.
Eso se consigue por medio de medidas como la eliminación del impuesto de sociedades o la posibilidad de no declarar el IVA si la empresa factura menos de 40.000 euros al año. Tampoco existe cuota de autónomos, aunque hay que considerar que la Hacienda estonia grava transferencias de unas cuentas a otras, como podría ser el pago de dividendos o el abono de un salario.
Esos esfuerzos están dando sus frutos, y desde 1996, cuando se inició el plan, la producción estonia se ha multiplicado por siete, hasta los 25.600 millones de euros de 2018. Ello tiene que ver en parte con la reducción de trámites para crear una empresa, lo que se agudiza en el caso de las empresas cuyo funcionamiento esté basado en internet.
PASOS PARA CREAR UNA EMPRESA