La Unión Europea se ha caracterizado durante años por su desunión a la hora de afrontar los problemas. Intereses contrapuestos que observaban con recelos una estructura burocrática creciente que cada vez tomaba más atribuciones que pertenecen a los estados. La incógnita es si el acuerdo de finales de julio conseguirá alejar a la Unión de sus vicios recientes.
Quienes se fueron a dormir el pasado lunes 20 de julio se levantaron el martes con la noticia de que la Unión Europea había alcanzado un acuerdo ‘histórico’. Las redacciones permanecieron en vela durante la noche para informar de que el Consejo Europeo había conseguido desatascar unas negociaciones que se habían prolongado durante cuatro días y cuatro noches.
Los 27 dirigentes de los países de la Unión Europea, así como el presidente del Consejo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, negociaron la propuesta inicial de esta última, sabiendo que cualquier acuerdo sería calificado como histórico. La urgencia de la crisis y el miedo a que la Cumbre fuera un fracaso alentó a los diferentes líderes a renunciar a sus exigencias, si bien acabaron firmando condiciones que habrían sido impensables en otras circunstancias.
En primer lugar, acordaron poner en marcha un fondo de recuperación, bautizado como ‘Next Generation EU’, dotado con 750.000 millones de euros. De ese modo, el fondo junto con el resto del Marco Financiero Plurianual (MFP) -el presupuesto europeo de los próximos 7 años- cuenta con 1,8 billones de euros para invertir y rescatar la economía europea, un montante que representa el 4% del PIB de 2019 de la Unión Europea.
Además del tamaño, el fondo se distingue por su composición. Von der Leyen propuso que, de esos 750.000 millones de euros que lo componen, 500.000 millones se distribuirían a los estados por medio de transferencias, y los 250.000 millones restantes, en préstamos. España, Francia e Italia, los principales partidarios de mantener el peso de las transferencias sobre el total, encontraron la dura oposición de los ‘frugales’, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia, capitaneados por Países Bajos.


