"Europa y Japón han puesto toda la carne en el asador. Y lo mismo ocurre con la Fed, con EEUU creciendo por debajo de su potencial. ¿Qué nos hace pensar que los estímulos del BCE tendrán un efecto distinto?". Es el mensaje con el que Nicolás Llinás, director de desarrollo de negocio de Carmignac, resume el sentimiento del mercado de cara al segundo semestre del año. Un sentimiento marcado por las dudas sobre la efectividad de las políticas monetarias, al menos en lo que a impulsar el crecimiento se refiere.
Las cifras lo dejan claro. La economía global solo ha conseguido un mediocre crecimiento del 3,2% en los últimos siete años, comparado con la media de 4,2% durante la década anterior a la crisis, un impacto más bien pequeño para la cantidad invertida. En su carta mensual de marzo a los inversores, el gurú Bill Gross también se hacía eco del pobre crecimiento que asola el globo. Según sus cálculos, y teniendo en cuenta la flexibilización cuantitativa (QE) y los tipos negativos implementados, el crecimiento de EEUU debería rondar el 4%-5% para 2017, frente al 3% que ronda actualmente. El 2%-3% en la Zona Euro y el 5%-6% en China.
Es cierto que no hay temor a una nueva recesión global. Pero el ritmo de crecimiento es demasiado lento como para que la perspectiva mejore a corto plazo. La ONU ha sido el último organismo en rebajar su expectativa para este año, fijando el crecimiento mundial en un 2,4%, el mismo nivel con el que se cerró el ejercicio de 2015.
Durante los últimos años, los mercados han vivido en una burbuja dependiente de las actuaciones de los bancos centrales. Pero ahora, y con el fin de las políticas de estímulo en EEUU (que incluso podría subir de nuevo tipos en junio), ese maná ha tocado a su fin. Según datos de JP Morgan, desde el colapso de Lehman Brothers los recortes de tipos en todo el mundo superan ya los 650 (uno cada tres sesiones); mientras que las inyecciones de liquidez ascienden a cerca de 24 billones de dólares.
La sensación de que las armas se han agotado es ya un hecho. Y los inversores tienen cada vez más presente que, sin reformas y apoyo fiscal por parte de los Gobiernos, no se lograrán los objetivos de inflación y crecimiento. Para Lucas Monjardín, consejero delegado de Value Tree, "los bancos centrales pueden seguir manipulando todo lo que quieran, pero eso solo creará una burbuja brutal". La clave estará entonces en anticiparse al detonante que sea capaz de pincharla.