“Culebrón del avión”, “Fin de los excesos”, “Símbolo de la corrupción”, “Fraude del siglo”. Tales han sido algunas de las formas con que la prensa mexicana y latinoamericana aludieron al sorteo que realizó el Gobierno de México de premios equivalentes al valor del avión presidencial, un Boeing 787 Dreamliner de 120 millones de euros.
La venta de la aeronave, heredada de la gestión anterior (Enrique Peña Nieto, liberal), es una promesa de campaña del actual presidente, Andrés Obrador (izquierda), para demostrar su “compromiso con el pueblo” y su decisión de combatir “los excesos y la corrupción” en un país de altos índices de pobreza.
Lotería y pandemia
La rifa es un acto simbólico, pues Obrador -a pesar de algunos intentos- no logró vender el avión propiamente dicho. Así fue que decidió sortear 500 premios por valores cuya suma equivale al valor total del Boeing y usar los fondos recolectados mediante la lotería nacional para el combate contra la pandemia de COVID-19.
El sorteo se realizó el martes (15) y participaron seis millones de boletos (llamados “cachitos” aquí) que se vendieron a 20 euros cada uno. “Los lujos se han acabado. Los funcionarios de este Gobierno, si quieren volar, tienen que pagar su boleto de avión”, dijo el director de la Lotería Nacional, Ernesto Prieto, antes del sorteo.