A pesar de vivir todo el día bombardeados de noticias, coincidirás conmigo en que cada vez es más complicado estar bien informado. La inmediatez y la gratuidad se han convertido en los principales “drivers” sobre los que construimos nuestras rutinas de acceso diario a la información. La inmensa mayoría de la población no quiere ni pagar por la información ni esperar a tenerla. Queremos la información gratis y la queremos ya. Pero es que, al mismo tiempo, nos quejamos de la falta de rigurosidad de los artículos que leemos, del creciente sesgo de la prensa en nuestro país y de la baja calidad de los contenidos que llegan hasta nuestras manos.
De esta forma, entre todos hemos construido un modelo de oferta y demanda de contenido informativo autodestructivo, basado en una extraña convicción sociológica de la cual se desprende que las noticias deben ser gratis y, por lo tanto, no tengo que pagar por ellas. Este extraño “fenómeno”, que no se da con ningún otro bien o servicio, produce una precariedad galopante en las redacciones de periódicos y una falta de independencia cada vez más evidente en las cabeceras editoriales, lo que a su vez genera un descrédito de los medios cada vez mayor ante la opinión pública.
Y es que el modelo de negocio de los medios de comunicación, especialmente de la prensa, lleva años sumido en una profunda crisis de la cual no es capaz de salir. El sector vive en una encrucijada permanente que amenaza su propia supervivencia a medio y largo plazo, fundamentalmente debido a la incapacidad de encontrar vías de ingresos que les permitan garantizar, al mismo tiempo, su independencia editorial y su sostenibilidad financiera.
La pregunta que, a día de hoy, nadie ha sabido resolver con acierto es: ¿cómo generar contenido de calidad sin sacrificar la viabilidad de la empresa ni su independencia editorial? El modelo de suscripción ha sido, en los últimos años, un tablón al que se han agarrado muchos medios y gracias al cual -unos más que otros- han podido sobrevivir a la crisis del modelo de negocio. Sin embargo, basta con hablar con directores de medios o expertos en el sector para comprobar que el “muro de pago” o, lo que es lo mismo, el modelo de suscripción actual no termina de funcionar como se esperaba y, lo que es peor, está próximo a tocar techo.
Y es aquí donde entran en juego los “micropagos” o “pay per article”, una fórmula que podría cambiar radicalmente el panorama mediático si se enfoca correctamente por par- te de la industria periodística y de contenidos. Algunos dirán que eso ya se intentó y que la idea fracasó (habría que analizar el contexto y las razones de aquel “fracaso”). Otros que es imposible de implantar en España porque no existe “conciencia” de pago ni se ha hecho pedagogía suficiente al respecto.