La rentabilidad de los bonos del Tesoro no se mueve treinta o cuanto puntos básicos en cuestión de minutos. La renta fija, aunque tenga una volatilidad superior a lo que la mayoría de la gente cree, no sufre este tipo de movimientos en condiciones normales. Cuando una cifra económica se publica con una variación con respecto a lo esperado por el mercado no provoca un terremoto de ese calibre, a menos que sea algo extremo que suponga un cambio radical en la percepción que los inversores tienen sobre el estado de la economía, como ocurrió en 1994 con un dato de empleo norteamericano que se esperaba negativo y sorprendió con una creación de 700 mil puestos de trabajo en un mes. Esto nunca más ha sucedido.
Y desde luego, esto no fue el caso del miércoles pasado, día en el que se publicó la cifra de ventas minoristas del mes de septiembre en Estados Unidos, cifra que se esperaba ligeramente positiva y la realidad contrarió al mercado con un leve descenso de las ventas.
La diferencia era notable pero no sustancial. Sin embargo, la reacción del mercado fue brutal.
En un típico movimiento de pánico en busca de activos de calidad, las bolsas sufrieron el peor desplome del año, los bonos americanos y alemanes experimentaron una caída de rentabilidad de 30 puntos básicos, los bonos periféricos salieron de las carteras de los inversores y en las divisas tanto el yen como el franco suizo se fortalecían abruptamente. Esto es un movimiento de manual. Es lo que ocurre ante un incremento en la aversión al riesgo, un incremento en el miedo de los inversores por razones económicas, geopolíticas o cualquier otra. Para que nos entendamos es lo que ocurre cuando se anuncia que Lehman ha quebrado o que el cuarto banco de España, Bankia, tiene que ser rescatado por el Estado y se piensa que no vamos a ser capaces de pagar la deuda.
Los medios de comunicación se movilizaron en busca de expertos que pudieran explicar lo que estaba pasando. En realidad, la misma inquietud se reproduce entre los participantes del mercado que nos movemos con rapidez en busca de algún acontecimiento excepcional aunque sea el causante de la conmoción. Sin embargo, no había nada. Sólo una cifra que en condiciones digamos que normales, hubiese tenido un impacto limitado.
Aunque los días posteriores los mercados no han padecido mas sobresaltos, el sentimiento negativo se ha mantenido y en mi opinión permanecerá por un periodo considerable. Las reacciones humanas ante el miedo son primitivas y en los mercados , por muy sofisticados que puedan parecer, los comportamientos no difieren en nada de los ocurren en la vida cotidiana .