Psicólogo, comunicador y experto en liderazgo, Miguel Ángel Pérez Laguna considera que el aprendizaje viene dado por la voluntad que las personas tienen de crecer y aportar. Y, por ello, el intercambio generacional debe integrar las expectativas de los diferentes grupos de edad, dando como resultado un “flujo continuo de ideas e iniciativas”. Para visibilizar esta idea, el próximo 22 de noviembre se celebra Top Human Leaders Madrid 2023, la séptima edición de la gala anual de Humanos en la Oficina, un encuentro que tiene el objetivo de transformar y visibilizar el talento poniendo a las personas en el centro.
A lo largo de su carrera ha unido la psicología con la comunicación. ¿Cómo pretende a través de estas dos disciplinas generar un activo empresarial?
La comunicación es pura psicología, nunca dejamos de comunicar aunque no queramos, y con ello expresamos deseos, intenciones, expectativas y todo lo que quien nos escucha pueda y decida percibir. Lo importante es en lo que nos enfocamos. Porque si yo estoy centrado en mi vida en temas concretos, sólo voy a percibir lo que tenga relación con ello, lo demás será ruido o algo que no nos provocará acción alguna.
Aunque no es una definición excluyente, un activo empresarial, desde el punto de vista humano, es esa persona, ese profesional que genera beneficios tangibles con lo que hace, y para ello necesita comunicar con un enfoque basado en el valor de la conexión, no en lo que ofrece, sino en lo que ganamos cuando conectamos con ella o con él en nuestra interacción diaria.
¿Cuál es el principal aprendizaje que una empresa puede adquirir de su plantilla más joven? ¿Y de los sénior?
El aprendizaje viene primero dado por la voluntad que tengamos cada uno de crecer y aportar con ese crecimiento. Yo soy director de comunicación, relaciones institucionales y desarrollo de negocio de una de las edtech más importantes del mundo, Global Alumni, donde conectamos a miles de profesionales con las mejores universidades del mundo. Y desde ese contexto, he visto que el aprendizaje más transformador es aquel que promueve la conexión y la colaboración.
El intercambio generacional va más allá de las consabidas etiquetas de frescura o experiencia que ponemos al talento junior o sénior. Ni todos los “juniors” tienen grandes ideas, ni todos los “séniors” tienen capacidad suficiente de comunicación o adaptación. Esos gaps hay que cubrirlos como primer paso. Se trata de unir las expectativas de la gente más joven con las de los profesionales avezados, creando un flujo continuo de ideas e iniciativas que vienen de experiencias vitales diferentes, y en esa heterogeneidad tenemos una riqueza única que debemos explotar.