El yin y el yang son dos energías opuestas que se necesitan y se complementan. La existencia de una depende de la existencia de la otra. El yin y el yang son un símbolo de armonía debido al equilibrio que produce la interacción de las dos energías, la que ya está y la que viene.
Aplicado al nuevo Modelo EFQM, esto quiere decir, el equilibrio entre la evolución del Modelo original (ampliación de la gestión excelente a una gestión, que tiene que ser también, innovadora y sostenible) y las tendencias más revolucionarias que nos llegan como consecuencia del entorno VUCA en el que vivimos (transformación, agilidad, disrupción,…)
Nos hemos arriesgado a reinventar el Modelo usando lo que ha funcionado bien muchos años, pero evolucionándolo, complementado con las novedades que nos traen los nuevos tiempos. Por eso voy a hacer un muy breve repaso de la evolución histórica del Modelo EFQM, hasta ahora. Y, lo voy a complementar, con un brevísimo análisis de los desafíos que tenemos por delante y que se han incluido en el nuevo Modelo.
Hace 40 años los japoneses demostraron al mundo que la calidad del producto, el diseño, la productividad, la fabricación y la logística eficiente…etc. no eran patrimonio exclusivo de las empresas occidentales, con ejemplos claros en la industria de automoción en Alemania y en algún otro sector europeo, que hoy son vanguardia de la Industria 4.0.
En 1980, en EEUU, el respetado experto en calidad, W. Edwards Deming dirigió, un mensaje televisado, a los directivos y empresarios, cuyo estado de ánimo estaba por los suelos. No sin razón: el mejor coche del año (desde hacía varios) era un modelo japonés, las mejores fotocopiadoras eran entonces japonesas (siendo un invento estadounidense de Xerox), las pantallas de TV más modernas del mundo se fabricaban en Japón y así con otros sectores industriales. El mensaje contenía una pregunta desafiante: “If Japan Can… Why Can’t We?”. Y ya sabemos que cuando a los estadounidenses se les toca el orgullo reaccionan rápido y contundentemente. Por eso, en 1987, la administración norteamericana promovió, mediante una ley en el Senado, el Premio Nacional Malcolm Baldrige, en cuyas bases estaba contenido un buen modelo para la Gestión de la Calidad Total. Estos premios, pero sobre todo el modelo que había detrás, impulsaron la mejora de la competitividad de las organizaciones en EEUU.