La inclusión de la mujer en el mercado laboral es todavía una asignatura por resolver para la mayoría de países desarrollados. Según un reciente estudio de la consultora Informa D&B, solo el 26% de las empresas españolas cumple la Ley de Igualdad. Entre ellas, las que tienen menos desigualdad son las pequeñas y medianas empresas. La proporción de féminas disminuye cuando aumenta el tamaño de las compañías.
Lo mismo sucede cuando se pasa de puestos de trabajo base a cargos más elevados. Sólo el 26% de las empresas de nuestro país cuenta con más de un 40% de representación femenina en sus Consejos de Administración. Según Nathalie Gianese, directora de Estudios de Informa D&B, las mujeres "a pesar de conseguir más títulos académicos que los hombres, sólo ocupan el 19% de los cargos funcionales en las empresas objeto del estudio, y el 68% no tiene ninguna presencia femenina en sus puestos directivos".
Según los datos de la Comisión Europea sobre la presencia de mujeres en los consejos y puestos ejecutivos de las empresas más grandes cotizadas de los países de la Unión Europea, Francia (32%), Letonia (32%), Finlandia (29%) y Suecia (28%) son los países que tienen una mayor proporción de mujeres en sus Consejos. España, con un 17%, se sitúa por debajo de la media europea, que es del 20%.
Desde hace muchos años, este debate sobre la participación de la mujer en la economía, en los puestos de responsabilidad de las empresas y en el mundo financiero se está abordando como una cuestión de justicia y equidad. Pero ahora el debate ha cambiado radicalmente. Diversos estudios sostienen que, desde el punto de vista macroeconómico, una mayor participación de la mujer en la actividad puede impulsar el ritmo de incremento del PIB, elevar el crecimiento potencial y compensar la caída de la población activa. La mujer dentro del mercado laboral es parte de la ecuación de crecimiento, productividad y estabilidad.
Según el estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) "Las mujeres, el trabajo y la economía: beneficios macroeconómicos de la equidad de género", el crecimiento potencial de Japón podría aumentar un cuarto de punto anual sólo con que la tasa de participación femenina en el mercado laboral alcanzara la media de los países del G-7. Así, el PIB per cápita podría aumentar de forma permanente un 4%.