NatureBrain: la IA que predice el valor del capital natural

Esta tecnología española anticipa la evolución de los bosques para transformar la naturaleza en un activo predecible.

NatureBrain: la IA que predice el valor del capital natural

Esta tecnología española anticipa la evolución de los bosques para transformar la naturaleza en un activo predecible.
Equipo de NatureBrain

¿Puede un bosque analizarse como una inversión con la misma precisión que las acciones en bolsa? Esa es la premisa de la que parte la tecnológica española NatureBrain, que acaba de presentar «Helena AI», una inteligencia artificial especializada en el análisis y predicción de inversiones en capital natural. Si terminales como las de «Bloomberg» permiten destripar los mercados financieros, esta plataforma aspira a reunir datos ambientales, modelos matemáticos y criterios financieros para anticipar la evolución de los ecosistemas.

La idea es trasladar a la naturaleza las metodologías de análisis que ya son el estándar en sectores como las finanzas o los seguros. De este modo, la herramienta no se limita a medir lo que ya existe, sino que proyecta escenarios futuros para ayudar en la toma de decisiones sobre reforestaciones, humedales o cuencas fluviales.

De las energéticas al emprendimiento

Detrás de este desarrollo está Miguel Ángel García Tamargo (conocido en el sector como MA), quien llegó al capital natural tras casi dos décadas en Iberdrola. Durante su etapa directiva en la energética, una negociación con Microsoft le abrió las puertas al entonces emergente mercado de los créditos de carbono. Tras liderar posteriormente el lanzamiento de Carbon2Nature, detectó una brecha clara: había mucho apetito por invertir en la naturaleza, pero faltaban herramientas rigurosas para auditar esos proyectos.

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En septiembre de 2023, decidió emprender por su cuenta. El resultado es una inteligencia artificial capaz de estimar desde el crecimiento de los árboles y la calidad de la madera, hasta la captura de carbono o la evolución del suelo. Con estos datos sobre la mesa, un gestor puede decidir con base matemática si conviene cambiar los fertilizantes, modificar las podas o apostar directamente por otra especie plantada.

Rentabilidad con vocación de impacto

El proyecto ha cogido tracción a una velocidad inusual en el ecosistema emprendedor. En menos de un año, la compañía ya cuenta con clientes activos, ingresos recurrentes y beneficio neto positivo. Para escalar su tecnología, se han integrado en los programas de apoyo de gigantes como Google (utilizando su infraestructura en la nube y modelos como Gemini) y Apple. Hoy, su equipo de 16 personas opera repartido entre Madrid, Barcelona, Madagascar, Kenia, Shanghái, Georgia y Toronto.

Esta huella global se refleja en una cartera de activos que ya abarca proyectos en España, México, Ecuador, Perú, Brasil, Kenia y Uganda. En un mercado que movió 25 billones de dólares el año pasado, la perspectiva comercial es inmensa. Sin embargo, la compañía mantiene una vocación de impacto ligada a la trayectoria en cooperación internacional de su fundador: el objetivo a tres años es que esta tecnología aterrice también en proyectos de desarrollo en África, donde la gestión precisa de los recursos naturales puede marcar una diferencia vital.