Ted Sarandos ha decidido cambiar las reglas del juego en la recta final de la mayor operación mediática de la década. El consejero delegado de Netflix ha transformado su propuesta de adquisición de Warner Bros Discovery (WBD) para poner sobre la mesa lo que más tranquilidad da a los inversores: dinero contante y sonante.
La nueva oferta elimina el intercambio de acciones y se planta en 83.000 millones de dólares totalmente en efectivo. El movimiento busca agilizar el «sí» de los accionistas y despejar las dudas frente a la compleja propuesta de su rival, Paramount Skydance.
Una billetera cargada de éxitos
Este golpe de autoridad no es casualidad; viene financiado por un año para enmarcar. Netflix cerró 2025 con un beneficio neto de 10.981 millones de dólares, un 26,05% más que el año anterior. La estrategia de contenidos y el modelo con publicidad han funcionado como un reloj suizo.
Con una facturación anual que roza los 45.200 millones y más de 325 millones de suscriptores, la compañía tiene músculo de sobra. Títulos como la temporada final de «Stranger Things» o la aclamada «Frankenstein» de Guillermo del Toro han sido el combustible necesario para lanzarse a esta compra.
Quedarse con lo mejor, soltar lastre
La estrategia de Sarandos es quirúrgica: quiere la joya de la corona, pero sin el peso muerto. La oferta abarca los míticos estudios de cine y la plataforma HBO Max, pero deja fuera el negocio de televisión por cable lineal, un sector en declive que incluye marcas como CNN o TNT.
