Elliott Hill, recién nombrado CEO de la empresa, ha llegado como el príncipe de caballo blanco de los cuentos para salvar a Nike de las garras de ese dragón llamado mercado. Una de sus primeras acciones al frente ha sido presentar los resultados de la firma que, si bien no han sido buenos, sí han mejorado las catastrofistas previsiones de los expertos.
La compañía textil ha anunciado unos ingresos de 11.300 millones de dólares, lo que supone un 9% menos que en el anterior ejercicio, pero lejos del 11% que se preveía en un primer momento. Además, las cifras en EE.UU. fueron positivas ganando 100 millones más de lo inicialmente planificado por la empresa.
Los puntos flacos de Nike han estado en China, donde sus ingresos se redujeron en un 17%, y en la región EMEA con un 10% menos de ganancias que el año anterior.
Pese a ello, el beneficio por acción fue casi el doble de lo que auguraban los expertos situándose en 54 centavos frente a los 29 previstos. Unas cifras que calmaron momentáneamente a los inversores pero cuyo efecto podría ser efímero. Los analistas bursátiles de Wall Street vaticinan que a la apertura del mercado este viernes, Nike caerá alrededor de un 5%.
La llegada de Elliott Hill podría acelerar los planes de liquidación de existencias de la compañía. «China, en particular, es donde estamos siendo más proactivos y estamos saneando el mercado, y volveremos a inspirar al consumidor chino de una manera más significativa», ha explicado el nuevo CEO.
