Resulta frecuente olvidar los pasos a seguir cuando el objetivo que se ansía está próximo. Algo que en el hábitat laboral está a la orden del día, cayendo en ocasiones en lo que hoy en día se conoce como “red flags” y que comúnmente se ha llamado “dejarse pisar”.
En la primera parte de No todo vale para ascender, hablábamos de ello, de la importancia de hacerse respetar para alcanzar el puesto de trabajo anhelado. A continuación, continuamos dando al lector los mejores consejos para llegar a la cima como todo un líder.
No basta con ser, hay que parecer
La visibilidad dentro de una empresa es tan importante como ser válido para un puesto. ¿De qué sirve ser muy bueno en lo que haces si nadie lo sabe?
Autopromocionarse no es sinónimo de vanidad, significa estar convencido de la buena labor que se hace dentro del marco empresarial, de mostrarse imprescindible para el conjunto. Para ello, lo primero que se debe hacer es estar convencido de tu profesionalidad y eficacia. No existe nadie mejor que uno mismo para demostrar que eres irremplazable para el puesto que desempeñas y la capacidad de trabajo que tienes. Venderse –y saber hacerlo bien– es una actitud como otra cualquiera que, por supuesto, se aprende.
Hay quien se vende tan bien que, ni tan siquiera siendo bueno en su trabajo, consigue lo que quiere por esa habilidad de autoproclamación. Por poco ético que resulte, este tipo de personas existen en el entorno laboral, por lo que hay que saber diferenciarse de ellos. Hay que ser, pero también parecer, y manifestar los logros personales es una excelente manera para ello.