La defensa de la renta variable europea ha sido, por decirlo suavemente, un reto en el transcurso de 2022. A quienes se muestran pesimistas sobre las perspectivas europeas a corto plazo -y no es especialmente difícil encontrarlos- no les han faltado factores a los que apuntar. Sólo este año hemos tenido que afrontar la trágica guerra de Ucrania, la crisis del gas, la espiral de la inflación y algunas convulsiones políticas. En este contexto, cualquier intento de destacar el nivel históricamente barato del mercado europeo ha caído en saco roto.
Basta con observar el posicionamiento del mercado para hacerse una idea de lo que los inversores están descontando. La debilidad del euro/dólar es implacable. La valoración de los mercados de renta variable se acerca a su mínimo desde marzo de 2020, un periodo en el que el flujo de noticias del Covid-19 había alcanzado su mayor intensidad. Los datos de flujos están en su peor momento de los últimos seis años. Además, los inversores suelen combinar estas preocupaciones a corto plazo con la opinión convencional de que Europa es una economía "vieja" y cíclica que carece de crecimiento interno. No es de extrañar que un analista dijera que el interés por Europa era "casi nulo".
Coincidimos en el hecho de que las perspectivas a corto plazo son difíciles. Dicho esto, es de destacar que los gobiernos europeos están siguiendo el ejemplo del Reino Unido en cuanto a la provisión de apoyos fiscales importantes. También hay indicios de que los responsables políticos son capaces de reducir la demanda de gas sin disminuir significativamente la producción industrial. Esto podría reducir el riesgo de racionamiento energético, al menos hasta finales de este año.
¿Qué ocurre con el argumento "estructural" contra Europa? En este caso, discrepamos profundamente de los críticos. De hecho, hay tres razones clave por las que creemos que las perspectivas de Europa son mucho más brillantes de lo que han sido durante algún tiempo.
Tres razones para seguir confiando en Europa
En primer lugar, existen muchas empresas que combinan con éxito el envidiable patrimonio y la historia de Europa con la innovación y la tecnología de vanguardia. En segundo lugar, el continente sigue aprovechando sus puntos fuertes en materia de sostenibilidad y tecnologías verdes. Y, por último, los inversores siguen infravalorando los crecientes puntos fuertes de Europa en materia de digitalización industrial.