El Banco Central Europeo (BCE) inicia la cuenta atrás para tomar posesión de su nueva responsabilidad como supervisor único. Antes de eso, tendrá que hacer frente a la revisión de activos de los bancos europeos (AQR), paso previo para los test de estrés.
El organismo no quiere líos y algunas voces llevan tiempo apuntando a que estas pruebas serán "más fáciles" de soportar para evitar un shock en los mercados financieros. Pero nada más lejos de la realidad. Al menos de cara al público. Los rumores sobre las dificultades que pueden pasar algunas entidades para superar los test de estrés no dejan de sucederse. El último, el que el jueves pasado desató una brusca caída en Bolsa de los bancos cotizados, especialmente los españoles.
Los corrillos financieros apuntaban a la posibilidad de que los créditos fiscales activados (conocidos como DTAs por sus siglas en inglés) no serían aceptados por el BCE en la prueba cuyos resultados se conocerán antes de final de año. "Como los bancos españoles son los que mayor proporción de DTAs tienen, fueron más penalizados. No pasó de ser un rumor, que pensamos no será confirmado por la realidad debido al alcance práctico de las consecuencias que tendría", explican desde Bankinter.
En un reciente informe, los expertos de Deutsche Bank recuerdan que aunque hay sospechas de la dureza de estos test de estrés frente a los realizados en el pasado, "una vez más ha sido diseñado de tal forma que evitará que lo fallen los grandes bancos implicados en el negocio de los depósitos".
De momento, nadie se atreve a asegurar nada. Y es que el cambio de normas que en los últimos años han caracterizado a estas pruebas deja en clara evidencia su fiabilidad. Incluso hay quien apunta a presiones de algunos países como Alemania para que sus bancos, que posiblemente den alguna sorpresa negativa, no sean los únicos perjudicados.