Las previsiones para el PIB global han mejorado debido a la buena marcha de la economía estadounidense, que ha compensado con creces una importante revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de China y una pérdida de impulso en Europa.
Los datos económicos estadounidenses siguen siendo coherentes con un aterrizaje suave. La inflación se desacelera a medida que se normaliza el shock provocado por la pandemia y el mercado laboral también se enfría un poco.
Las ofertas de empleo han disminuido sin que se produzca un gran aumento del desempleo, una combinación históricamente poco frecuente. Esta situación se ha producido en un contexto de aumento de la tasa de actividad y de suave ralentización del crecimiento de los ingresos laborales agregados, que se aproximan a los niveles anteriores a la Covid-19.
El comportamiento de la inflación ha sido volátil. Sin embargo, la media ajustada, es decir, la medida que pretende ofrecer una mejor orientación sobre la tendencia subyacente muestra que las presiones sobre los precios están disminuyendo bruscamente.
El crecimiento de la renta de los hogares se ralentiza, si bien la inflación se reduce a un ritmo superior al de los ingresos. Así es como se consigue una economía sana con unas perspectivas sólidas para el gasto de los consumidores a pesar de vientos en contra como la disminución del exceso de ahorro y el reinicio de los pagos de los préstamos estudiantiles.