En el plazo de una semana, las miradas de todos los inversores se han mantenido en las reuniones de tres importantes bancos centrales: el BCE, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra. En un contexto en el que la inflación sigue en tasas demasiado elevadas y se mantendrá en esa tesitura durante más tiempo de lo esperado, a la tradicional atención sobre las decisiones en política monetaria, se ha sumado en esta ocasión la respuesta de los bancos centrales ante los problemas de los sectores bancarios mundiales de las últimas semanas.
Las subidas descontadas, se mantenían en duda ya que eran muchos los expertos que consideraban que, ante la situación bancaria, los bancos centrales moderarían la agresividad en sus decisiones sobre política monetaria.
Finalmente, el Banco Central Europeo incrementó los tipos de interés en 50 puntos básicos y la Reserva Federal y el BoE, incrementaron las tasas en 25 puntos básicos. De esta manera, los intereses en Europa se sitúan ya en el 3,5%, mientras que en EEUU se colocan en un rango de entre el 4,75 y el 5% y en Inglaterra en el 4,25%.
¿Qué efectos positivos y negativos traen estas decisiones?
Como explica Borja Ribera, profesor de EAE Business School y director de riqueza en GVC Gaesco, si los bancos centrales hubieran optado por no subir los tipos de interés, se hubiera creado “una alarma importante dentro del sistema financiero y bursátil” ya que se hubiera lanzado el mensaje de que los bancos estaban mal y el sistema no soportaba ni un incremento más en los tipos de interés.
Con el incremento de 50 puntos básicos por parte del BCE y los 25 puntos básicos por parte de la Reserva Federal y del BoE se lanza el mensaje de “tranquilos, el sistema bancario va a aguantar”, señala Ribera.