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Durante mucho tiempo, el mando intermedio se entendió como un escalón inevitable: un profesional que supervisa, controla y reporta.
Pero ese modelo está cambiando. Cada vez más se le exige convertirse en puente entre estrategia y operación, en un actor clave para la adaptación organizativa.
Entre la estrategia y la operación
Los mandos intermedios ocupan una posición singular: están por debajo de la alta dirección y por encima de los equipos de ejecución. Esta posición les sitúa en un lugar estratégico: conocen el día a día de la operación y pueden interpretar la visión corporativa para traducirla en acciones concretas.

En este sentido, se les pide que no solo «ejecuten lo que viene de arriba», sino que también actúen como catalizadores de cambio internos.
De gestor de tareas a impulsor de personas
Un análisis de McKinsey & Company señala que los mandos intermedios más eficaces son aquellos que asumen el papel de «multiplicadores de talento»: desarrollan a sus equipos, priorizan la conexión humana y liberan tiempo de tareas rutinarias para dedicarlo a liderazgo real.



