Jensen Huang, el consejero delegado de Nvidia, ha iniciado una visita estratégica a China para abordar la distribución de sus microchips en un entorno de máxima tensión comercial.
El viaje, de carácter discreto y con paradas en sedes clave como Shanghái, coincide con el endurecimiento de los controles de exportación impuestos por el Gobierno de Estados Unidos.
El foco de las negociaciones se centra en el chip H200, el segundo procesador de inteligencia artificial más potente de la firma. Aunque Washington autorizó su venta a principios de enero, lo hizo bajo condiciones estrictas que limitan el volumen de unidades y prohíben su uso para fines militares, términos que la prensa estatal china ha calificado de «discriminatorios».
Para Nvidia, recuperar el terreno en el gigante asiático es vital. Antes de las restricciones, China representaba el 13% de sus ingresos globales, pero en el último trimestre de 2025 sus ventas en la región se desplomaron un 45% interanual, provocando una caída del 7% en su cotización bursátil desde octubre.
El dilema de la autosuficiencia china
Xi Jinping, el presidente de China, mantiene una estrategia ambivalente. Mientras estudia permitir un acceso limitado a los chips H200 para que sus empresas de IA sigan siendo competitivas, ha ordenado «pausar» nuevos pedidos para fomentar la autosuficiencia tecnológica, una prioridad absoluta en el plan quinquenal 2026-2030.
