El informe World Energy Outlook 2019 (WEO, Perspectiva Mundial de la Energía 2019), de la Agencia Internacional de la Energía ya contemplaba fijar un precio global al CO2 que llevaría a un «escenario sostenible».
En este informe se estimaba cómo afectaría a la demanda de energía al alterar los costes relativos del uso de diferentes combustibles En este sentido, en el escenario de un desarrollo sostenible se suponía un precio del CO2 más alto y amplio, que aumentaría a 140 dólares por tonelada en 2040 en las economías avanzadas y a 125 dólares por tonelada en las economías en desarrollo como el Brasil, China, Rusia y Sudáfrica.
Esto contrasta con el precio del carbono permitido por el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE, que ha oscilado entre 27 y 29 dólares/tonelada en los últimos dos años. Otros mercados de carbono difieren en sus niveles, pero aun así presentan una enorme brecha con el objetivo de la AIE.
Es aquí donde debería ponerse en marcha actualmente un mecanismo de fijación de precios del carbono junto con un estímulo fiscal para una recuperación ecológica selectiva. Esto permitiría cerrar la brecha y evitar el efecto indirecto del gasto público o las exenciones fiscales que apoyan las actividades intensivas en carbono.
Los 28 mecanismos actuales de fijación de precios del carbono que existen en el mundo son desiguales en cuanto al precio y la cobertura de las emisiones. De hecho, según el Banco Mundial, sólo una quinta parte de las emisiones mundiales están sujetas a un precio del carbono fijado.