Se extiende la unanimidad sobre el crecimiento mundial. “El crecimiento ha tocado techo”, explica la OCDE, y se desacelera. A la vez, advierte sobre nubes en el horizonte. En contra de las previsiones de que el crecimiento ascendería durante 2019 y 2020 por encima del 3,9%, ahora se espera que en 2020 quedará en el 3,5%. En lo que respecta a España, también sufre una revisión a la baja para 2018, y sobre todo 2019.
En cuanto a 2018, el crecimiento quedará en el 2,6%, dos décimas por debajo de lo esperado en el anterior informe sobre la economía mundial de la OCDE. Además, el crecimiento de 2019 alcanzará el 2,2%, mientras que en 2020 la OCDE prevé que el PIB español mejorará un 1,9%.
De nuevo será la demanda interna la que actúe como “motor de crecimiento”, desde el punto de vista del organismo internacional. “Sigue siendo sólida”, gracias a que el petróleo se ha mantenido en precios bajos y la reducción de impuestos de los últimos años. En ese sentido, la OCDE señala que el consumo sigue permaneciendo como una de las principales razones de que España crezca, aunque han cambiado las circunstancias tanto en lo que se refiere al petróleo como a los impuestos.
En ese sentido, la institución señala al “fuerte aumento del empleo”, así como a los crecimientos salariales y de las pensiones que se previeron en los presupuestos de 2018. Este incremento del consumo también se refleja en la inversión empresarial, que se ha beneficiado de costes de financiación bajos.
No obstante, al igual que otros organismos, la OCDE advierte de ciertos riesgos que debe enfrentar la economía española. Uno de ellos es el reducido crecimiento de la competitividad. Así, la entidad considera que ese hecho “está obstaculizando la generación de un crecimiento inclusivo y sostenible”.