Hay empresas que hablan de bienestar. Otras lo diseñan. Almirall ha optado por lo segundo en su sede de Barcelona, un espacio que se entiende mejor cuando se recorre que cuando se explica.
Aquí no hay solemnidad corporativa ni pasillos infinitos. Hay luz, flexibilidad y una idea clara: si el trabajo ha cambiado, el lugar donde se trabaja también.

Un espacio pensado para moverse
Nada de puestos anclados al suelo ni jerarquías físicas marcadas. El proyecto apuesta por un modelo de trabajo flexible, donde cada zona invita a elegir cómo y con quién trabajar según el momento del día. Reunión rápida. Trabajo en foco. Formación. Conversaciones informales que acaban en buenas ideas.
El resultado es una oficina que se adapta al ritmo real de la compañía. Sin rigidez. Sin manual de instrucciones.

La luz como protagonista
Uno de los grandes aciertos del proyecto es haber convertido la luz natural en eje del diseño. Los patios interiores, antes secundarios, ahora son espacios vivos. Entran en la rutina diaria. Aportan calma. Dan aire.




