Tanto el Banco Central Europeo (BCE), como la Reserva Federal (Fed) estadounidense, han vuelto a dar un ‘golpe sobre la mesa’ para calmar las tensiones de los mercados financieros y tratar de devolver la confianza. El primero, con un arsenal de estímulos para impulsar crecimiento e inflación; y, la segunda, con un mensaje claramente dovish (acomodaticio) y de cautela respecto a las próximas subidas de tipos (reduciendo los posibles incrementos a dos en el año).
El respaldo de las autoridades monetarias a la economía no ceja y se mantiene firme, pero las suspicacias, cada vez mayores, sobre la eficacia de sus medidas, ante una macro que no remonta, y los nuevos shocks, desde emergentes y materias primas, especialmente el petróleo, no desaparece. Y es, una vez más, en el sector financiero en el que se concentran todos estos ‘vientos a favor’ y ‘en contra’ que toman la forma de volatilidad, riesgo y pérdidas bursátiles, que se acrecientan con los interrogantes propios de una industria que no termina de sanearse, sobre todo en Europa…
Para Scander Bentchikou, especialista en valores financieros de Lazard Frères Gestion, el ‘bazuca de Draghi’ debería tener escasos efectos en la evolución a corto plazo de los resultados de la banca del Viejo Continente, ahora bien, "ha conseguido mejorar considerablemente la percepción a medio, eliminando un riesgo real para la rentabilidad del sistema".
En concreto, este experto llama la atención sobre el mensaje del banquero italiano de que "no proseguirá con la bajada de los tipos a los que son remunerados los excedentes de liquidez depositados en el BCE. Esto no sólo debería contribuir a tranquilizar al sector mutualista alemán, muy expuesto a esta problemática, sino que debería tranquilizar también a los bancos de Europa meridional, sobre todo en España y en Italia, donde los créditos son en su mayoría de tipo variable".
Por otra parte, añade, es clave la puesta en marcha de una nueva ‘barra libre’ de liquidez (TLTRO): "A partir de ahora, los bancos de la Zona Euro podrán, por primera vez, pedir préstamos a tipo negativo al BCE. Esto debería inmunizar a la banca europea y permitirle refinanciar las caídas de los bonos incluso si las condiciones de los mercados para la emisión pudieran seguir siendo poco favorables". Pero, sobre todo, concluye, la autoridad monetaria ha dejado claro que "no quiere dañar la rentabilidad del sistema bancario".