Nuestra visión es que hay oportunidades de mercado generacionales asociadas a los billones de dólares en inversiones necesarias hacia el objetivo de un sistema energético descarbonizado, tanto por la parte larga como por la corta. En nuestra opinión, completar esta transformación es un imperativo a largo plazo, pero estará sujeto a las limitaciones de la sociedad (tolerancia a precios más altos/menor consumo de energía), así como a los gobiernos que quieren evitar cualquier desestabilización económica o política en el camino. No satisfacer a las distintas partes interesadas puede suponer un retroceso en esta transición (por ejemplo, impulsar el consumo de carbón debido a la insuficiencia de alternativas y a la elevada demanda de energía).
Hay varias áreas de mejora disponibles para acelerar este proceso. Mejores datos sobre las emisiones a nivel de producto pueden suponer una enorme diferencia en el comportamiento de los consumidores y permitirles incorporar mejores conceptos vinculados a la sostenibilidad en sus compras. También permitiría a los inversores identificar mejor las oportunidades para ponerse largos y cortos y, a los responsables políticos orientar mejor la normativa hacia los productos que perjudican al medio ambiente. También puede ayudar el aumento de los impuestos sobre el carbono, que actualmente no cubren una parte suficiente de la economía o tienen un precio muy inferior a cualquier estimación razonable del coste social del carbono. La integración de las energías renovables en la red eléctrica existente (que actualmente no es un problema tecnológico en Estados Unidos, sino que se enfrenta a bloqueos desde la perspectiva de la aprobación normativa) también puede ser beneficiosa.
Según el escenario de la Agencia Internacional de la Energía para pasar a “Net Zero” (o neutralidad de carbono), la producción total de energía debe disminuir un 7% en los próximos 10 años y la energía neta consumida por persona se reduciría aún más a medida que aumenta la población. Dado que es improbable que el consumo de energía por habitante disminuya en India, África o el Sudeste Asiático, esto implica que las zonas de alto consumo energético, como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, deben ver disminuir el consumo per cápita en un 30-40% en los próximos 10 años. Esto no se parece a nada de lo que se ha vivido en los últimos 200 años, y podría provocar descontento e incluso disturbios.
La producción moderna de alimentos depende en gran medida del consumo energéticos, por lo que es probable que los alimentos se encarezcan. También es probable que suban de precio los componentes intensivos en energía que se necesitan para construir la capacidad de las energías renovables, por lo que las estimaciones de los gastos de capital necesarios para la transición energética también son probablemente demasiado bajas.
Un aspecto positivo es que la «E» de ESG debería ser realmente rentable. Las empresas más eficientes desde el punto de vista energético probablemente superarán los resultados de sus respectivos sectores. Las actuales empresas de combustibles fósiles probablemente mantendrán su valor durante la fase de transición, porque el mundo necesita los combustibles fósiles para construir las energías renovables, y más allá, porque incluso después de 2050 algunas de estas fuentes de energía seguirán utilizándose, aunque sólo sea en un 20 o 25% de su tamaño actual. Pero con el tiempo, es probable que hagan una transición hacia el hidrógeno. Estas empresas tienen la experiencia necesaria para trabajar con él, ya lo están utilizando en algunos casos, y cuentan con las tuberías y la infraestructura necesarias para transportarlo.