Gran parte del éxito de una empresa, grande o pequeña, recae sobre su estructura organizativa, eje principal para un funcionamiento eficiente y a largo plazo. Estamos frente una afirmación que muchos podrían considerar evidente, incluso simplista, por lo razonable que se presenta, pero precisamente esta claridad meridiana que aplican las grandes empresas, queda muchas veces olvidada cuando se trata de gestionar una más pequeña.
Este tipo de compañías, que en España son cerca de tres millones, y responsables del 75% del empleo y de la generación del 60% del PIB, se encuentran a menudo librando una batalla constante por su crecimiento y, en algunos casos, su supervivencia. Para ellas, conseguir una gestión óptima del negocio es definitivo para situarse entre las que se consolidan y crecen, o entre las que desaparecen.
Implementar una estructura organizativa eficiente, que es una prioridad en cualquier compañía, es especialmente esencial en el caso de las PYME para conseguir una configuración clara y equilibrada de las funciones, la comunicación fluida entre departamentos y el cumplimiento de las tareas asignadas a cada uno de sus miembros.
Una estructura que centra y focaliza
Tener un organigrama bien definido debería ser una premisa, si bien no obligatoria, sí aconsejable, en aquellas compañías que cuentan con más de una decena de empleados. A partir de esta cifra, es recomendable organizar el negocio en departamentos, establecer jerarquías y gestionar las vías necesarias para que la comunicación sea fluida entre los mismos.
No existe un solo modelo de organigrama empresarial y, por tanto, en cada caso se deberá aplicar el sistema organizativo más adecuado, siempre teniendo en cuenta el tamaño, la estructura y los objetivos del negocio. Sea como sea, se trata de plantear una estructura transparente y clara, con tareas y responsabilidades concretas asignadas ante las que cada miembro, desde el que cuenta con menor cualificación laboral hasta el director o presidente, tendrá que responder.