Hay veces que rechazar un contrato fijo es la mejor decisión de una carrera. En 2017, el ingeniero Adrià Argemí dijo «no» a una oferta en Roma para volver a Barcelona y fundar su propia compañía. Hoy, esa apuesta llamada Pangea Propulsion es uno de los referentes del sector aeroespacial europeo.
La empresa acaba de recibir esta semana un espaldarazo definitivo: la Comisión Europea les ha concedido el premio de Innovación disruptiva para futuros lanzadores. El galardón, dotado con 950.000 euros, reconoce el potencial de una tecnología que aspira a cambiar las reglas del juego en la órbita terrestre.
El renacer del motor imposible
La joya de la corona de Pangea es el motor aerospike, una tecnología conceptualizada en los años 70 que promete ser entre un 15% y un 20% más eficiente que los propulsores tradicionales. Sin embargo, nadie había logrado llevarla al espacio hasta ahora debido a su extrema complejidad técnica y problemas de refrigeración.
El equipo de Pangea ha logrado superar esas barreras históricas utilizando fabricación aditiva (impresión 3D) y materiales avanzados, como una aleación de cobre patentada por la NASA. Su motor estrella, bautizado como «Arcos», tiene un empuje de 75 toneladas y planean que vuele antes de que termine esta década.
Combustible verde y eficiente
La sostenibilidad también está en el ADN de sus propulsores. Han apostado por una mezcla de metano y oxígeno para la parte criogénica, un combustible barato, eficiente y que facilita la reutilización de los cohetes, siguiendo la estela de gigantes como SpaceX o Blue Origin. Si te está gustando este contenido elaborado y te cuadra nuestro magazine, tenemos nuestro more.
Suscribirme Para validar estas innovaciones, la compañía cuenta con un banco de pruebas propio en Lérida, aunque los test criogénicos más complejos aún se realizan en las instalaciones de la Agencia Espacial Alemana. El objetivo es ampliar su infraestructura local para acelerar el desarrollo sin depender de terceros. Pangea nació con la idea de construir microlanzadores, pero en 2021 dieron un golpe de timón estratégico. Decidieron convertirse en «motoristas»: una empresa especializada en vender sistemas de propulsión a la carta para agencias espaciales y fabricantes de cohetes de todo el mundo. Esta visión les ha permitido captar 45 millones de euros en financiación durante sus ocho años de vida. Además del motor Arcos, desarrollan las líneas Cryox y Kronos, así como la familia Nereus para mover satélites en órbita y evitar que se conviertan en basura espacial. Con sede en el Parque Logístico de la Zona Franca de Barcelona y oficinas en Toulouse, Pangea emplea ya a 90 personas de 17 nacionalidades. Su crecimiento no solo es un éxito empresarial, sino una herramienta para retener talento en España y evitar la fuga de ingenieros a otros países europeos. Su ambición es global, mirando de reojo al mercado estadounidense, pero con los pies en Europa. Aspiran a que sus motores sean los elegidos por la Agencia Espacial Europea (ESA) para los futuros lanzadores reutilizables que garanticen el acceso soberano del continente al espacio.Te damos More
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Talento que vuelve a casa