¿Cómo han logrado alcanzar esta cifra de patrimonio sin hacer marketing?
Ha sido un crecimiento sano, sin prisa pero sin pausa, porque en España una de las limitaciones de los inversores institucionales es el patrimonio. Se trata de una barrera psicológica. Cuesta mucho presentar el fondo a un inversor institucional, primero tiene que conocerte y no invierten dinero al día siguiente. Es una maratón, una carrera de fondo. Después, te ponen el foco, te siguen, pero lleva un tiempo hasta que se deciden a entrar. Es una siembra que da sus frutos, pero debes tener paciencia. Y debes unas rentabilidades consistentes, por encima de la media. La parte buena de este esfuerzo es que, una vez que consigues que inviertan en el fondo, es un dinero que va a permanecer en el largo plazo.
¿Cuál es su estrategia de inversión?
No nos gusta encasillarnos en ninguna tipología de inversión, como el value, aunque es parecida. Estudiamos en profundidad la historia de las compañías, cómo han evolucionado en los momentos de crisis, cómo se han transformado. Nos gusta que hagan algo aburrido o difícil de copiar, fuera de modas, y que sean muy prudentes a la hora de qué hacer con el dinero que generan.
Nuestro trabajo como gestores del fondo es parecido al de un investigador privado, con un proceso que vas refinando a lo largo del tiempo, aplicando eficiencia, para saber qué tienes que analizar: cómo asigna el capital que genera la compañía, qué hace con ello, si se reinvierte con cabeza y sentido común para reforzar su posición competitiva, ampliando su capacidad, si tiene prudencia financiera, con un plan de incentivos del equipo directivo en el que sean premiados por crear valor al accionista, no por crecer en ventas… Porque lo difícil es crear valor. Luego está la parte cuantitativa, fuera de influencias externas, con una valoración propia.