¿Por qué considera tan importante acabar con los falsos mitos del líder superhéroe y tomar conciencia de las propias imperfecciones?
En mi opinión y experiencia, abrazar nuestra humanidad y reconocer nuestros errores es el principio para conocernos mejor y comprender quién somos realmente. Derribar el mito del líder infalible, ese ser casi mitológico que nunca flaquea, es liberar a los que ocupan posiciones de responsabilidad de ese pesado yugo de la perfección que les hemos puesto encima desde siempre, y que no ayuda a que desempeñen mejor su función, sino todo lo contrario.
La imagen del líder superhéroe genera expectativas inalcanzables, creando un ambiente de tensión y descontento tanto entre los líderes como en los que les rodean. Un verdadero líder tiene poco de perfecto y mucho de honesto. Es alguien que se atreve a ser vulnerable. Admite sus errores no como una señal de debilidad, sino como una potente demostración de su humanidad. Un líder es alguien que aprende de cada tropiezo, convirtiendo cada fracaso en una oportunidad para seguir creciendo. Es así como se construye la confianza y el respeto. Es así como se siembran las semillas de una cultura de aprendizaje y mejora continua en los equipos. Por eso creo tan conveniente acabar con todos esos falsos mitos que alejan el liderazgo de la realidad y lo convierten más en una quimera que en una posibilidad.
¿Qué pilares deben sobresalir en el liderazgo del siglo XXI?
Tras años estudiando, observando y practicando el liderazgo en diferentes partes del mundo, he llegado a la conclusión de que son tres los pilares que sustentan el liderazgo en este nuevo siglo y, en particular, en esta nueva coyuntura de complejidad acelerada. Hay pilares fundamentales que deben destacar para navegar en este mundo en constante cambio.
Primero, la inteligencia emocional, que incluye el desarrollo de nuestro autoconocimiento, autorregulación, automotivación, empatía e influencia. Esta habilidad es vital para entender y manejar las dinámicas humanas actuales en cualquier organización. Un líder que no conoce sus propias emociones, o que no es capaz de empatizar con las de su equipo, está destinado al fracaso en un mundo donde la conexión emocional es cada vez más necesaria para movilizar a las personas.
El pensamiento crítico es el segundo pilar indispensable. En un mundo saturado de información, donde tenemos que tomar cada día decenas de decisiones difíciles, los líderes necesitan contar con la capacidad de analizar situaciones, identificar tendencias y tomar decisiones informadas. Es decir, que estén mínimamente afectadas por sus propios sesgos. Es aquí donde el pensamiento crítico juega un papel fundamental, ya que, sin él, corremos el riesgo de permitir que nuestra visión sesgada de la realidad contamine la calidad de las decisiones, alejándonos de la ética y anteponiendo nuestro egoísmo al interés colectivo, que es el que debería primar a la hora de liderar.
