Como profesores de innovación, regularmente ayudamos a los estudiantes a concretizar el diseño de sus productos cuando desean lanzar una empresa emergente o startup. Hoy en día, los jóvenes innovadores desean que sus productos ofrezcan una propuesta de valor sostenible.
Sin embargo, estos bien intencionados emprendedores a menudo cometen lo que a nosotros nos gusta llamar, los pecados de la sostenibilidad.
Para ser claros, no son pecados en el sentido de haber roto algún código moral. Los llamamos pecados, pero en realidad son omisiones. Es el significado antiguo griego de “pecados” que describe el tiro de un arquero que cae no muy lejos de su objetivo. En otras palabras, «falla su marca».
Aunque nuestros innovadores crearon un diseño de producto sólido que cumple con el triple objetivo —respetar el medio ambiente, generar un impacto social positivo, producir ganancias económicas equitativas—, sus ideas cometen un pecado de sostenibilidad inadvertido. De una u otra forma, su producto tiene un fallo, usualmente uno de los siete que se discuten aquí, y fallan en alcanzar su objetivo de ser una empresa sostenible.
Estos pecados son comprensibles. El ritmo acelerado de los emprendedores rara vez les proporciona el tiempo necesario para considerar todos los factores. Esto es aún más desafiante cuando hablamos de la sostenibilidad pues hay muchos factores a considerar, desde el consumo de energía hasta la equidad de género. Para ayudar a nuestros alumnos y a todos aquellos que quieran evitar estos errores, a continuación, proponemos recomendaciones y una serie de preguntas que pueden formularse.
