“El mundo se ha vuelto loco”.
Si eres de los que piensa eso, entonces el que actúa como loco quizá seas tú. Porque eso quiere decir que sigues anclado en la idea que los cambios vertiginosos que atravesamos son una anomalía, y en el fondo tienes la esperanza de que, tarde o temprano, todo volverá a normalidad. Pero ahí va una noticia que tal vez te resulte perturbadora: esto es la normalidad.
En el mundo de la empresa comprender esta realidad es especialmente importante. Vivimos en un entorno disruptivo en el que nada es como solía ser y los avances tecnológicos se comen las buenas prácticas y las viejas estrategias de éxito para desayunar. Y en ese nuevo escenario, la innovación y la creatividad son los nuevos motores que pueden garantizar la supervivencia de una compañía.
Los caminos de la disrupción
Pero, ¿cómo impulsar el pensamiento disruptivo y la creatividad en el seno de la empresa? La primera clave para lograrlo consiste en darle a la innovación y a la creatividad el espacio y la importancia que merecen dentro de la organización. Toda la compañía debe tener el permiso y el hábito de atreverse a pensar fuera de la caja, a preguntarse “¿y si…?”, la pregunta esencial que puede llevar a cualquier entidad a desafiar sus propios límites más allá de lo que nunca hubiera imaginado.
La siguiente palanca para activar el pensamiento disruptivo tiene que ver con la velocidad. Aunque pueda parecer contradictorio en un mundo dominado por la exponencialidad del cambio, las prisas son malas consejeras en materia de pensamiento disruptivo. Cambiar el mundo lleva su tiempo.