Los principales Bancos Centrales todavía disponen de herramientas y se han mostrado dispuestos a hacer uso de ellas en caso de necesidad. Pero tal vez ya no sirva ampliar los programas de compras de activos en Europa o lanzar un mensaje claro de un retraso en la próxima subida de tipos de interés en EEUU. Porque esa percepción del riesgo que habían eliminado los bancos centrales, ha vuelto para quedarse.
Paras Anand, director de renta variable europea de Fidelity explica que dado que los tipos de referencia son negativos en muchas zonas del mundo, "existe el temor a que se hayan utilizado todas las palancas y, sin embargo, parece que la economía mundial tiene las mismas probabilidades de contraerse que de crecer". Así, se pregunta si podría ser que los bancos centrales se estén enfrentando al "enemigo equivocado", dada la que parece una concentración relativamente limitada sobre la inflación, y puedan estar contribuyendo a su propio fracaso por su recurso a una política monetaria cada vez más expansiva?
Giordano Lombardo Director de Inversiones del Grupo de Pioneer Investments, indica que los bancos centrales, a pesar de estar muy pendientes de la estabilidad financiera, "pierden paulatinamente eficacia y cabe preguntarse si las herramientas a su disposición van a resultar tan eficaces para contrarrestar la volatilidad excesiva como lo han hecho a lo largo de los últimos cinco años".
Según recuerdan desde Fidelity, el objetivo de los bancos centrales no es la inflación per se, sino el logro de la estabilidad de los precios. "Se considera que unos precios suavemente crecientes son un indicador de una economía que crece de manera constante, y que una inflación excesiva o galopante es negativa; por tanto, el valor de una inflación modesta está en la sensación de confianza que puede generar en relación con la evolución de la economía y la autoridad (a falta de una palabra más adecuada) del banco central", asegura.
Y advierte que existe el riesgo de que las fuerzas desinflacionistas de la economía "sean un fenómeno del siglo XXI (el impacto del avance tecnológico) y que sean de naturaleza en gran parte positiva con respecto a la actividad económica, la productividad y el poder adquisitivo individual, pero que se estén juzgando a través de una lente del siglo XX como indicativas de falta de demanda". Ahora bien, si dicha evolución es estructural y, en gran medida benigna, ¿por qué se convierte en algo contra lo que luchar? A juicio del experto, existe el riesgo de que los bancos centrales estén transmitiendo un mensaje erróneo acerca de la fortaleza fundamental de la economía subyacente y, en consecuencia, creando una falsa sensación de inseguridad.