En los últimos 20 años, compañías de todo el mundo se han mostrado muy reacias a recortar los pagos de dividendos, incluso en momentos en que sus ganancias han disminuido considerablemente, con el fin de atraer un gran número de inversores que buscan un flujo de ingresos estable.
Pero esta estrategia ha demostrado tener importantes consecuencias para la gestión de una empresa, fomentando principalmente la disciplina y la prudencia en la toma de decisiones. Esto implica priorizar los proyectos más rentables y descartar otras opciones de crecimiento como las adquisiciones. Asimismo, el pago en efectivo de los dividendos evita los casos de contabilidad creativa, como suele ocurrir cuando se priorizan las ganancias o los beneficios por acción (BPA).
Sin embargo, las compañías que pagan dividendos no financiados (aquellas cuyo rendimiento de dividendos es mayor que su rendimiento de flujo de caja libre durante varios años) y las compañías cuyos balances están cargados con una deuda excesiva no son especialmente recomendables. En ambos casos, estos dos tipos de empresas a menudo se han aprovechado de los bajos tipos de interés para obtener el efectivo que financie el pago de dividendos.
Los principales beneficiarios m de la búsqueda de rendimiento por parte de los inversores en los últimos años han sido los llamados «proxis de bonos», acciones que proporcionan dividendos altos, pero con una ratio de crecimiento bajo. Estas acciones tienden a tener una mayor correlación con los rendimientos de los ingresos fijos que con el mercado de acciones en general.
Las acciones de las compañías en los sectores de las telecomunicaciones, inmobiliario y servicios públicos conforman la mayor parte de esta categoría. Pero con los tipos de interés en aumento, los vientos podrían estar cambiando, y se puede esperar que los proxis de bonos sufran. Desde finales de 2015, la Reserva Federal de los EE. UU. ha aumentado los tipos ocho veces hasta el objetivo de los 2,25%, y se espera que vuelva a subirlas en su reunión de diciembre de 2018.